Un día de estos, en mi último post, daré la contraseña de acceso a este blog por si alguien quiere pintarrajear bigotes, tetas o una vagina chorreante sobre mi foto; escribir guarradas, husmear en mis archivos, destrozarlo todo o darlo de baja.
Puede que pase desapercibido y nadie se tome la molestia de teclear esa clave...
Sí, puede que, al final, deba ser yo misma quien, indignada... herida como una perra, arranque una a una estas páginas como Glenn Close en la escena final de las Amistades Peligrosas arranca el maquillaje de su rostro, y con esa soberbia y rabiosa maldiga el mundo entero y luego escupa veneno en todas las contraseñas que nadie desvela... porque nada esconden.
Un día de estos, de sol radiante y aire perfumado de lilas me asomaré a la ventana del que, presiento, nunca volverá a ser mi cuarto para imaginar cayendo las lágrimas que no lloro sobre las calas y las hortensias... y... y... ...
Y nadie podrá saber cómo me siento porque aunque revelo su clave de acceso a todas horas, nadie ha entrado nunca en mi corazón...
Tengo la piel cansada de manos y dedos, de lenguas, de besos y caricias... todas las rendijas de mi cuerpo hartas de embestidas. Tengo los ojos llenos de miradas que no recuerdo y numeros de teléfono.. 651- 13-.. 646-14...
Estoy harta de palabras, de enfangar frases hechas, de olvidar contraseñas, de Yahoo, de tags. Agotada de mezclarlo todo, de lodos... de que me toquen el culo, de ver normal lo absurdo...
Cansada de ser "putilla" y escribir sobre ello por no tener más remedio.
Estoy hasta la "chirla" de correrme... de que me manchen la falda.
Hasta el coño de que me follen, de mis post, de tanto polen y tanto polvo.