de planes y abismos
Con 15 recien cumplidos decidí cómo iba a ser mi vida. Qué iba a estudiar, dónde trabajaría, cómo organizaría mi mundo... como iba a vestir... a
pensar... amar... ser. Seis años después, y sorprendentemente, creo haberme alejado de forma casi imperceptible de aquel guión existencial. Soy, con los matices lógicos y acorde a los dispuesto por algún que otro imprevisto, lo que imaginaba, por ejemplo, aquella tarde en la habitación de mi hermano Tirso.
Me veía estudiando en Inglaterra, en una de esas Universidades donde, y segun las sentenciosas palabras de mi padre, acuden las más importantes empresas en busca de (en el caso que me atañe) inminentes licenciados de impecable expediente en Asesoría Jurídica. En mi cabeza se confundían las preguntas del Director encargado de la admisión de futuros alumnos con la disposición del mobiliario en el cuarto de la residencia de estudiantes; el comienzo del curso, los pasillos y aulas, las miradas, las mejillas rosadas de los que serían mis compañeros, con las sensaciones inaprensibles de cuanto dejaría atrás. Los british breakfast... con... qué...
Qué dejaría?... Qué dejo?...
Me propuse que sería tan fuerte como para, no sólo, apartar a un lado cualquier confusión anímica o sentimental que interfieriese mis planes, sino que debería sobrarme fortaleza para infundírsela a quienes sintieran mi marcha... Ilusa e inocente vanidad de adolescencia.
Estos días, en los paseos húmedos y desapacibles por las calles de Manchester, al cruzar las losas negras, devoradas por el verdín, del claustro de la universidad he recordado como una vez me confabulé con mi cerebro para que mis pasos fueran siempre firmes siguiendo esas pautas de educación y comportamiento que toda madre White, American, Saxon & Protestant infunde a sus hijos... el valor de la valentía que, de pronto, frente a un sandwich de pepino y semillas de mostaza temo haber convertido en temeridad.
Lo son... Hoy lo sé...
Pero del mismo modo que sé -al comprobarlo- lo inestable, lo resbaladizo del camino que con tanta seguridad creo pisar y la nada que rodea cada una de esas huellas a las que la fortuna hizo acertar con la arcilla o la gravilla precisas donde quedar grabadas...
hasta ahora...
Seré sincera y confesaré que, a cada pisada, me tapo los oídos para no oír el caer de la tierra desprendida y el amenazante murmullo de su eco en el abismo.





alberto dijo
me ha gustado mucho el final, creo que escribes bastante bien, saludos alberto
24 Marzo 2007 | 05:05 PM