Un día... dentro de muchos, muchos años.. La nieta más cariñosa vendrá a hacernos una fotografía. -Como las de antes... las antigüas- dirá. Llevaré puesto un vestido estampado de flores, un largo collar de perlas y el pelo suelto. La edad, entonces, habrá dejado hace tiempo de ser un problema; las arrugas habrán arrinconado y hecho caducar las cremas, impotentes y vencidas, en un cajón y el despertador no tendrá sentido porque mi único trabajo será poner en funcionamiento las piernas. Miraré el pasado y veré el futuro que en aquellos años imaginaba... perfecto... lejano. Pero ni ahora lo veo ni cuando esa foto se haga mi vista cansada podrá ver esa niña.
Descansando la cabeza en su hombro pensaré si piensa en mí y el pensará si pienso que aun ocupo un lugar en su pensamiento.
Puede que piense en él, o en que el seto no está podado como debiera. Mientras esa jovencita enfoca acaso piense en el giro, en la espiral de la existencia y eso me recuerde la taza de té que se enfría; en que los vecinos dejaron sueltos los perros... en nuestras vidas o solamente en la mía.
También puede que, coqueta, sólo piense en salir favorecida.