Este tiempo de lluvia y la desganada desidia que parece haberme inoculado... me llevan sin remedio a rescatar una "movida" escrita hace algun tiempo.
Una manita de pintura y.... ¡Chass!. Como nueva.

Manchester. Abril.18.2004
La madera de la ventana se está hinchando. Entiendo ahora por qué cuesta cerrarla, que no encaje y la razón del malestar general que me acompaña últimamente. Llueve sin parar desde hace más de dos semanas y, como una estúpida tomo de pronto conciencia de los indeseables efectos que trae la lluvia que no cesa.
Estoy asomada a una mañana de desagüe idéntica a todas las demás... Húmeda y fria como las trastiendas de "Oliver Twist". Una mañana sucia que no va a limpiar nadie.
Olvido por un momento el escaso aire que asciende a mordicos por mi nariz para observar que partes de la fachada de la casa de enfrente muestran panzas en el estuco (a base de yeso o lo que sea) amenazando con venirse abajo. Me veo arropada por un ligero delírio de borracha... o de niño y se me ocurre que, tal vez, debiera avisar a alguien y evitar así que un inocente paseante anónimo, embelesado en sus pensamientos, acabe con ellos desperdigados por la acera destiñéndose entre las hojas muertas y los goterones de lluvia. Se me ocurre también que, en adelante, tendré que ir con cuidado y andar arrimada a los coches aparcados, mirando (pero sin intervenir, claro está, para no influir en los designios de la naturaleza) a quienes corren o caminan pegados a las fachadas con el cuello encogido, solapa desplegada, ignorantes de que el agua echa todo a perder, su vida por ejemplo.
El problema es que nadie se para a observar, menos aun, estos días en los que todos vamos mirando al suelo para que no nos entre el agua sucia en los ojos; pero alguien en las comunidades de vecinos o en las asociaciones vecinales debiera estar atento; podría, de este modo, remediar que una cornisa ahogada en su interior ceda y su peso variable se desplome sobre los peatones que vuelven o van. Una llamada al ayuntamiento bastaría, supongo, para salvar del desastre a un posible votante.
Tengo tiempo de sobra para asuntos como estos y hasta menores mientras intuyo que se me hincha el cerebro como si fuese de madera, o una ventana.
Las personas normales llenan su vida.... paseando por la GranVía o Portland Street, sin ir más lejos, a merced de edificios como el de enfrente y su cabeza de problemas, deseos y proyectos de futuro que ayudan a la mente a permanecer seca y confortable... como recien planchada. Yo no. Yo estoy abducida por una nave a 120 Lb semanales, empapada por la complacencia más atroz, por la tontería que humedece el ánimo sin sentido, chorreando un arrepentimiento que desconoce causas y llega tarde y sin ganas para encontrarse con que estás dando una vuelta a los perros...
-"Bien!.. Mal!... Venga!... vamos a casa!"...
Me abandono a la casualidad y decido llamar yo al ayuntamiento. Sorprendentemente es de lo más sencillo; unas cuantas preguntas, un formulario y a la semana siguiente estoy desayunando con la visión de unos chicos estupendos manos a la obra. He de decir que los montadores de andamios (los de esta empresa por lo menos: Blueridge Scaffolding Ltd.) son un espectáculo increíble, y para mí desconocido, más aun si el tiempo acompaña y se ven forzados a "pasar" de camisas o camisetas.
La primavera ha llegado. Temperatura corporal: 36.5. Todo encaja... como los guantes que ya no necesito. Creo que hasta yo conmigo misma.
-"Eh!.... perdona.... Y la ventana?... ".(la dueña del apartamento)
-"También".