No me apetece, no tengo ganas, no quiero. No quiero hacer nada que no sea retozar de mi sofá a mi cama y, si acaso, bajar a ramonear ensaladas en la cocina. Llovizna por fín, los vapores ascienden de la tierra seca como una boca; los pájaros se vuelven locos peleando en bucles de decibelios crecientes y yo fumo un Winston detrás de otro dentro del camisón de anoche como una radiografía en positivo sintiendo su sensual e incomparable caricia. No me da la gana nada sino vagar por esta casa en la que todos vivimos.
No me apetece, no tengo ganas, no quiero... Sólo echarme entre las sábanas y oír el teléfono y no cogerlo... y mirarme al espejo, y reírme conmigo poniendo caras: ..." No quiero!....".
Vapor. Vapor de agua... de mejillas encendidas. Vapor de cuarto de juegos.