Soy una caprichosa, una malcriada, una coqueta de solemnidad, una vanidosa. Acostumbrada a que mis deseos se cumplan paso por alto que no son más que eso, deseos, y aunque parezcan cumplirse sólo se transforman en otros nuevos. Segura de lo que soy, y de lo que tengo olvido a menudo de lo que carezco, una imbécil que juega a princesa y va zanjando errores diciendo: lo siento. Ayer volví a cagarla, lo sé, desperté con... ni me acuerdo, mientras, tu me buscabas y yo te seguía inconsciente sin querer creerlo. No somos nada, ni amigos, ni novios (por supuesto) pero, sin embargo... Bueno, ya está, la suerte está echada y el daño está hecho, sólo puedo admitirlo y decir que lo siento. No es suficente, verdad?. Me alegro, me alegro tanto... que es imposible que puedas saberlo. Me alegra estar, al fin, tan extraña e infinitamente triste,. me doy pena a mí misma por haberte hecho daño pero soy feliz por habérmelo hecho. Voy a llamarte, no me defraudes... quiero escuchar tu desprecio.
Espera, mejor aún... cuélgame el teléfono.