El día que descubra que todo era una broma, no perderé la compostura, el sobresalto será apenas el necesario porque lo habré sospechado siempre. Cuando el último hilo de vida vaya a romperse y la consciencia de tí misma de paso al final de las sensaciones, cuando sea un trapo negro el futuro, no habrá una luz blanca inmaculada llamándote y envolviendo todo en un bienestar desconocido, no se proyectará en tus ojos la visión acelerada de cada instante de tu vida, ni la voz o la imagen adorada del ser querido vendrá a ofrecerte su mano desde el otro lado, presencia impagable y serena. El negativo, el postrero fotograma de tu existencia lo ocupará una caja de sorpresas decorada con estrellas, matasuegras y espumillón de colores que saltará de repente con estrépito, y de la que surgirá, al abrirse, un rostro de payaso con ojos saltones, sombrero de copa y lengua interminable en una risotada de sandía para asestar el golpe de gracia a tu corazón herido. El último chiste, el último truco, la última carcajada de la broma de la vida. Después el silencio y la fiesta sin tí.