Ni una sola cosa he descubierto en todos estos años; si acaso algunas facciones que me gustaron, alguna frase que anoté y la certeza de haber pasado de largo por la existencia que me tocó en suerte. No he querido, ni deseado, ni aprendido. No hice nada que mereciera la pena ser contado, ni he sentido pena por nada. Soy una piedra que respira, y sobre la que ahora escriben, que duerme, sueña y despertará hasta que la muerte decida que llegó la hora de que la piedra sea piedra y punto. A través de mis sentidos ascienden todavía sonidos, sabores y sensaciones que aparto por conocerlos demasiado; a mi boca llegan frases que los demás escuchan y también olvidan porque nada explican. No divierto, ni intereso; aburro o sobro, resulto incómodo.
Largué hace tiempo a todos de mi lado y hoy nadie viene a verme. Me vivo solo. Deambulo sin nostalgias, sin miras y sin prisa de la mano de un Alzheimer consciente y lánguido, con los ojos desatentos y las manos en cualquier sitio. Deshonesto como siempre e impostado para nadie.
Se me va la cabeza y querría confesarme, ante quienes proceda, para que sepan la verdad y puedan, de una vez, vivir tranquilos o, quién sabe... eternamente destrozados.
2 comentarios
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Hoy te veo muy poética e intimista. Seguramente esa lámpara de Ikea de luz indirecta crea muy buen ambiente en tu alma...
habrá sido el amanecer campero.
Ya pasó.