Cuando César llegó tarde por fin al campo de batalla se apresuraron a levantar ante él la cabeza de Pompeyo. César prorrumpió en lágrimas, y todos los que estaban a su alrededor se quedaron pasmados. El que había levantado la cabeza la bajó poco a poco; estaba atónito, y además le pesaba bastante al tenerla levantada con un solo brazo.
"Así que esto vale una victoria?", preguntó César
"Desde luego", respondieron tímidamente, pues nadie sabía qué decir.
César prosiguió:"Fue mi amigo, mi compañero, era romano y soldado...", y después dijo;"Llegué tarde". La cabeza esbozó un gesto sin sentido y César se volvió encorvado por el dolor.
"Llegué tarde" repitió. "Querría haberlo matado con mis propias manos!"...
Moraleja: Cuidado con las lágrimas cuando es un político quien las derrama.
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Muy buena observacion... interesante historia...